Reflexión en la Analogía (6/).

Publicado en por Ciencia-ficción Sospechosa

Ícono Exopolítica Reflexión en la Analogía (6/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Identificados”, Revista de Exopolítica.

http://identificados.over-blog.com/

La Tierra, 1 (φN, λW); 06 jun 11.

 

Dialogando aquí en función de su breviario, La Vida Extraterrestre, con un hombre de ciencia como lo es el Dr. Miguel Ángel Herrera, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM, y profesor en astrofísica en la Facultad de Ciencias (1999), dice éste: “las únicas pruebas de ello (de los OVNI) con que contamos, hasta ahora, se reducen a testimonios visuales, fotográficos o videograbados, todos los cuales carecen de valor científico”[1].

 

De acuerdo con él por cuanto a tales evidencias objetivas, no obstante, son suceptibles de manipulación.  Pero una cosa es que no sean suficientes para la demostración científica, y otra que “carezcan del todo de valor científico”.  Y agrega: “La duda, entonces, es si existen los platos voladores.  Y la experiencia señala como más probable que no, porque hasta ahora no hay ninguna prueba...”[2].

 

Pero la pregunta ha sido entonces: ¿qué tipo de prueba sería necesaria para demostrar su existencia?  Y el Dr. Herrera nos aproxima a la respuesta: “...la única manera de saber de qué se trata es a través de observaciones y mediciones cuidadosas en el lugar y momento del supuesto avistamiento, y eso es imposible, pues no sabemos de antemano dónde va a ocurrir”[3].  Pero, científicamente, la “imposibilidad” es cuestionable, por lo que, sin duda, en ello está la clave: la demostración científica de la existencia del fenómeno OVNI, ha de tener como condición la repetición del mismo bajo condiciones controladas que nos revelen la causalidad, hasta el punto de predecir, con base en el cumplimiento de las causas, su aparición.  Ello nos pone en una condición única: si el fenómeno tiene un comportamiento inteligente, habrá que establecer, casi pudiéramos decir, de mutuo acuerdo, una rutina que permita tal verificación.  Pero ello supone, necesariamente: entrar en contacto; y ello nos permitiría demostrar, no sólo que el fenómeno es realmente existente, sino incluso su naturaleza misma.  Sin embargo, en este caso, bien visto, resultaría ya ocioso tal propósito de demostración.

 

Grave error así, también, a nuestro juicio, es que en el campo de la ciencia se afirme que el fenómeno no existe, precisamente ante tanta evidencia empírica objetiva, aun cuando, y correctamente, éstas, como hemos dicho, no se juzguen suficientes para la demostración; más no siguiéndose de ello, a la vez, el que carezcan de su valor científico intrínseco como simple evidencia.  Ante la cual, por lo menos, debe establecerse la duda acerca de la posibilidad de que el fenómeno exista; qué es?..., eso es asunto de los resultados de una investigación hecha por muchos investigadores y durante muchos años (de hecho ya 50 años), que apenas está rindiendo frutos.  Y esto no quiere decir que la ciencia tenga “limitaciones”, en el equívoco de que la ciencia lo debe saber todo de antemano, o de que su método es ineficiente para descubrir la esencia del fenómeno.  Aún no lo sabe, conforme la investigación sea, lo sabrá y podrá llegar a afirmar algo.  Todo cuanto pueda decirse más allá de la pura descripción del fenómeno resultado de su observación, de momento, no es más que especulación sin fundamento.  Y aceptar esto no es sencillo para el que no tiene noción del quehacer científico, y menos aun, para aquel que ha testimoniado, visto y fotografiado, un objeto no identificado; el cual entonces, a su entender, “sin duda”, debe ser manifestación de vida inteligente; que más aun, en su lógica especulativa producto de la mera actividad empírica, dicha vida inteligente, a ese nivel tecnológico, “sin objeción alguna”, no podría ser más que “extraterrestre”.  Y a ello, la ciencia, que aún no tiene una investigación acabada del fenómeno, no puede responder sino que, especulativamente, haciendo “ciencia-ficción”, quizá así sea..., pero quizá no; y más bien quizá sea alguna otra cosa totalmente inimaginable de momento; pues la ciencia no puede afirmar sino aquello que puede demostrar objetivamente.

 

Ciertamente, de momento, todas esas asociaciones de hechos, comparaciones, especulaciones o conjeturas, que aun no forman parte del campo de la ciencia como tal, no son sino la base de las necesarias analogías primarias que constituyen el punto de partida de la investigación científica.

 



[1] Herrera, Miguel Ángel; La Vida Extraterrestre; Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Col “Tercer Milenio”; México, 1999; p.50.

[2] Ibid. P.50.

[3] Ibid. P.52.

 



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