Reflexión en la Analogía (4/).

Publicado en por Ciencia-ficción Sospechosa

Ícono Exopolítica Reflexión en la Analogía (4/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Identificados", Revista de Exopolítica.

http://identificados.over-blog.com/

La Tierra, 1 (ɸN, λW); 26 may 11.

 

Por más de veinticinco siglos de historia de la filosofía, no obstante la diversidad de civilizaciones humanas, de culturas desarrolladas por sus naciones, de creencias y de idiomas, el pensamiento humano corresponde a una misma estructura lógica.  El estudio de la conducta de especies inferiores, es posible estudiarlas y descubrir en ellas una estructura lógica semejante.  Y si es así en todo el reino animal en toda su escala de inteligencia, no hay por qué dudar de que el pensamiento e inteligencia en una especie superior a la nuestra en esa escala, corresponderá a una misma estructura lógica.

 

Por otra parte, desde el momento en que la moral se refiere a las relaciones entre seres con una conducta regida por una voluntad determinada, por la conciencia, esto es, por el conocimiento fundado de la responsabilidad y compromiso ante los demás, lo moral, en principio, es sólo atributo humano, es decir, de las relaciones entre los seres humanos, en tanto que en especies inferiores no se reconoce esa conciencia; y aun en las más avanzadas entre estas especies inferiores, esa aparente responsabilidad, es en sus formas primarias del instinto.

 

Otra cosa será la relación moral con alguna especie inteligente superior a la nuestra.  En tanto lo moral son las costumbres normadas por el acto de conciencia y con apego a la satisfacción social, es evidente entonces que entre dos culturas, por definición, con dos tipos de costumbres distintas, lo moral será a su vez, distinta entre ellas; y en consecuencia, más aún lo será entre la cultura de la especie humana en su conjunto (lo propiamente humano), con respecto a otra cultura no-humana.

 

De ahí que, antes que ser trivial este punto, por el contrario, ello representa un problema esencial y de primordial importancia exopolitica.  Por ello, cuando leemos que estos seres no-humanos se nos presentan “obedeciendo a una lógica y a una moral que, evidentemente, no son las nuestras”[1], por lo que antes hemos asentado, sólo podemos estar de acuerdo parcialmente por cuanto a lo moral, pero no con respecto a la lógica; de ahí que la pregunta acerca de si vienen de visita a salvarnos o a invadirnos y destruirnos, carece de sentido, pues si se tratara de una invasión para destruirnos, ya hubiera ocurrido; pero al no haber sido, ello tampoco quiere decir lo contrario, y que en consecuencia, entonces, que el objeto de su visita sea el que “vengan a salvarnos”.  El problema se reduce simplemente al encuentro entre dos culturas.

 

Lo que sin lugar a ninguna duda ocurrirá, será una nueva revolución copernicana pero exponenciada, y que en tanto ésta sea y la resolvamos en sentido positivo, ya se verá entonces la venida de estos seres como “salvación”; que esa revolución sea en sentido negativo, ya hará ver la presencia de esta otra civilización, y por simple asociación, no porque ese haya sido el objetivo, con el fin de nuestra destrucción; pero cualquiera que sea el resultado, la “salvación” o “destrucción”, será entonces algo definido por asociación y no por el fin en sí mismo.

 

De ahí que los testimonios de encuentros (sean verídicos o ciencia-ficción, de cualquier manera plantean el problema exopolítico esencial) reportados con un contenido moral, sean de primordial importancia por cuanto a la persistencia de altos valores; en cierto modo, no hay datos generalizados en contra (sin contar la abducción posible con fines científicos experimentales, propios al orden moral deontológico, o ciertos posibles “jugueteos” para ellos, macabros y trágicos para nosotros).  No obstante, ello no lo podemos tomar como una determinación absoluta: así como nuestra irracionalidad por intereses económicos aun nos lleva a hacer con las ballenas o simios lo que hacemos; e incluso hacer con los humanos primitivos habitantes de las selvas lo que les hacemos: despojarlos de sus recursos por mezquinos intereses de riqueza; aparentemente nada nos aseguraría que otra civilización superior no pudiera hacer con nosotros algo semejante, y ya ser lo humano objeto de codicia entre más de una civilización exterior, o bien usarnos de alguna manera para algún fin suyo; o incluso exterminarnos, ya de golpe, ya sistemática e imperceptiblemente, si ello representara una condición elemental de su sobrevivencia; mas, en una civilización capaz de viajar por el espacio-tiempo y hacerse de recursos de cualquier parte, muy difícilmente podría pensarse en esas condiciones morales fundadas en el egoísmo.

 

Ese egoísmo anida en una humanidad aun indefinida en la identidad de sí misma, y más aun de sus propios fines; y con esa condición es que en la revista “Lo Desconocido”, de Fernando Jiménez del Oso, se expone: “Desde una óptica humana el comportamiento de los tripulantes de los ovnis se caracteriza, sobre todo, por una falta de respeto absoluta hacia la Humanidad: eligen a sus contactos –hemos sentido la tentación de escribir <<víctimas>>– atendiendo solamente a su conveniencia, los programan para cumplir fines que son, mientras no se demuestre lo contrario, exclusivamente de ellos...”[2]; con lo cual el autor de estas líneas revela su desconocimiento de la Ética deontológica; en la que, por razones científicas de comprensión y entendimiento de los fenómenos, se legitima ese acto moral experimental sobre nosotros, como el nuestro sobre especies inferiores; aduciendo en ellos entonces, justo lo que está en nosotros: el egoísmo, producto de un juicio de valoración moral por interés o de preferencia*.

 

Y en otro número de la misma revista editada en 1989, hace apenas escasos veinte años, se reitera en la misma afirmación: “Entre los investigadores y el gran público deseoso de saber se está extendiendo el convencimiento de que, si efectivamente los ovnis son naves extraterrestres, sus tripulantes actúan en nuestro planeta con un total desprecio hacia nosotros y no tienen un auténtico interés en establecer un contacto abierto.  Es decir, somos insignificantes para ellos.  De nada sirven nuestros intentos y esfuerzos por lograr conocerlos”[3].  Este “desprecio” es lo que los investigadores llaman con recíproco menosprecio y eufemismo, el “precio del contacto”.  Sin embargo, todo esto no es más que una angustiosa exclamación ante la desesperación por saber y establecer el contacto.  Científicamente, no es correcta esa pretensión, sin más, de “establecer el contacto abierto”; y pueden imaginarse sin dificultad las consecuencias.  Ello quizá pudo haber sido en el mundo ingenuo de nuestra cultura antigua regida por los dioses; hoy con el destino humano en la responsabilidad de los propios humanos, estando como estamos, divididos, sumidos en el egoísmo, los resultados serían catastróficos (la Guerra de Conquista de América en el s.XVI es un ejemplo claro).

 



[1] Jiménez del Oso, Fernando; OVNIS: Una Realidad Indiscutible; “Lo Desconocido” Nº 3; Ediciones Iberoamericanas Quórum; España, 1989, p.1.

[2]       Ibid, p.3.

* Resulta interesante hacer notar las posiciones diametralmente opuestas entre las revistas, ambas españolas y con poco más de dos década de intervalo en la edición entre ellas, “Cíclope; la Incógnita del Espacio”, dirigida por Marina Curié, en una actitud optimista; y “Lo Desconocido”,  dirigida por Fernando Jiménez del Oso, en una actitud pesimista frente al fenómeno.

[3] Jiménez del Oso, Fernando; OVNIS: Top Secret; “Lo Desconocido” Nº 12; Ediciones Iberoamericanas Quórum; España, 1989, p.77.

 



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